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¿Y qué es la verdad en un horizonte de engaño?
YO NO SOY, VOSOTROS
Ni vosotros, yo.
Todos somos diferentes; no pensamos lo mismo. Sin embargo, necesitamos sentirnos uno e insistimos en ser una sociedad de solitarios. Vivimos juntos el amor y el odio. La paz y la guerra. Una realidad, un sueño. Un pasado, un presente. Perseguimos un futuro que sólo podemos imaginar.
¿Qué ocultamos al pensar? ¿Qué decimos cuando hablamos? ¿Qué sienten otras especies que suponemos inferiores? La soberbia suprema nos impide dejar espacio a la duda y creemos poseer las respuestas de muchos de los enigmas que nos asolan. Nos consuela pensar que somos una razón que flota en el mar de la ignorancia. Pero sólo somos arrogancia disfrazada de verdad.
¿Y qué es la verdad en un horizonte de engaño?
Una ilusión-confusión, una visión adecuada, a medida, que amortigua nuestros miedos. Forzamos una sonrisa para complacer al fuerte, y a la vez, sometemos sin piedad al débil. Cuando aceptamos nuestros errores nos volvemos vulnerables. Nos desnuda. Es algo que tememos. La sinceridad nos espanta; pero no dudamos en reclamarla si nos libra de las sospechas. Como también sabemos ocultarla cuando decimos que hacerlo no es mentir. Callamos. Es el lenguaje de los cobardes. Muchos silencios esconden la verdad. Pero como dije antes, ¿qué es la verdad en un horizonte de engaño?
El hecho consumado de nuestras soberanas pretensiones, de nuestra pugna por destacar y poseer, hacen que disputemos, que compitamos en una estéril carrera, que la mayoría de las veces, nos hace sentir el fracaso; que como el acierto, es inventado.
No espero que me comprendan. No soy, vosotros; me desconozco. Esa es mí verdad y es mí mentira. Soy un extraño recorriendo un laberinto cerrado. Que se conforma con caminar evitando mirar y descubrirse. Que prefiere parecer a ser en un orden establecido donde también se contempla la rebeldía; porque ser me lleva a reconocer que puede que no sea lo que pienso. Pensar, es iluminar las tinieblas. No las disipa ni esclarece, pero es un fuego que calienta la soledad que nos mece.
Somos Humanos, sí. Pero yo no soy, vosotros, ni hablo en vuestro nombre, aunque a veces lo haga. El espacio que ocupo es un vacío que me une a un conjunto de voces y de silencios que cada vez percibo tan lejanos como a la cordura que se exige al transitar por la vida sin alterar la colmena en la que almacenamos nuestra miel y nuestra hiel.
Las luces y las sombras, sólo son contrastes donde gravito sobre una existencia empujada a crear mí propio mundo.
Benjamín Lajo Cosido
(uno)
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