Esto es increíble. Que alguien se moleste porque otros traten de
recuperar a los suyos, víctimas de la barbarie y el odio franquista a
estas alturas, bien merece unas palabras encendidas; yo en este caso
anacrónico, prefiero escribirlas incandescentes.
Me había propuesto, después de una década dedicada a hurgar en el
pasado, no escribir nada al respecto en estos momentos que son
decisivos; sin duda para quienes tuvieron que sufrir, soportar hasta la
saciedad los ideales de unos enajenados que decidieron seccionar la
yugular a la sociedad en 1936, entre otros motivos porque sé que ahora
están en primera línea personas competentes para completar la lucha de
millones de personas.
No tengo más que expresar mí alegría porque, como he leído en prensa decir al historiador inglés, Paul Preston, “Mas vale tarde que nunca”. Lo que seguramente no sabe nuestro admirado historiador, es que las palabras, “Tarde” o “Nunca” tienen fecha de caducidad en este país de países al que me siento muy “agustito” de pertenecer. Somos como somos, pero somos.
Iba siendo hora de cicatrizar las heridas que la España vencedora menciona con excesiva facilidad. Oigan ustedes, nuestras cicatrices se van a cicatrizar, por supuesto. No creo que ninguna mente honesta quiera perpetuar el rencor por las injusticias que se cometieron. Nos basta con que comprendan nuestra forma de cicatrizar esas heridas; muchas heridas, en paz, y que ustedes sean lo que se espera: RESPETUOSOS.
No son sus abuelos, ya recibieron su sepultura la inmensa mayoría. Son los nuestros los que llevan décadas enterrados en las fosas, perdidos o deteriorados en los archivos y en el recuerdo, vivos; enterrados en el olvido, los que nos piden, JUSTICIA. Y estoy convencido que si esto fuera a la inversa, ustedes exigirían una reparación igual, ¿o no?
Cuando aprobaron la Ley de la Memoria Historica me dijo un periodista de un periódico regional de Valencia por teléfono, que opinaba al respecto. Recuerdo que dije que era un paso, el primero, pero que se tenía que profundizar todavía más porque a muchos se nos habia quedado cara de vaca mirando al tren. Pues bueno. Ahora es el momento de ver cuanta voluntad por reparar esta injusticia son capaces de demostrar. Sería un grave error mantenerse ajeno y minimizar el enquistado problema, que de una vez por todas, nos permita poder comprender la Historia, nuestra Historia reciente, con la firmeza de la Verdad.
Benjamín Lajo Cosido
(memorialista)
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