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Seguro que conocen alguno. Son esas personas que encabezan los eventos y destacan sobre el grupo. Que muestran su solidario rostro e incluso, si la situación lo requiere, hacen caer una lágrima en su comunicado que parece emanar de nuestros subyugados ojos. Nos hipnotizan y nos convencen de que lo negro es blanco y lo blanco, diferente de lo claro. Son los dueños de la escena y no tienen reparos en contribuir a una causa, y a su vez, a la contraria; porque en esto de convencer existen muchos maestros avanzados.
Cada vez llevo peor encontrarme decepciones como las mencionadas. He de reconocer que me resulta insoportable lo postizo e irreverente. Lo superfluo y lo banal. LO WAY.
En una ocasión, haciendo mención sobre uno de estos peculiares individuos, una persona me dijo: “Ese es el muerto en todos los entierros”. De ese tipo de personas voy hablarles tal y como yo los contemplo. Toda una revelación de lo obtuso en su grado exacto. Como muchos contertulios que son capaces de solucionar con sus catálogos verbales los problemas más graves y complejos con una opinión que hará que todo parezca que fluye y funcione con su pasmosa elocuencia. Oyéndoles disertar, nos hacen creer en su conciso análisis, por ejemplo, que las guerras y la precaria situación mundial son problemillas de escalera que tienen solución basada en su rigurosa lectura de los periódicos más renombrados del momento, a los que casi todos pertenecen, por cierto. Por muchos años, me temo. Ética Periodista, le dicen. La información al servicio del poder.
No me sorprende que los nuevos profesionales de los medios escritos y audio-visuales aborden su oficio con cierto temor que el tiempo convertirá en recelo; pues deben pensar que lo que han aprendido y lo que les exige es tan parecido como lo son el día y la noche. Si además tienen la desgracia de tropezar con expertos en acoso y derribo laboral, lo tienen crudo sus iniciativas. Quedaran expuestas a una helada tardía. A no ser que abandonen y persigan otros caminos donde ejercer su profesión, sea lo más similar para lo que fueron formados. Eso sí, que no esperen grandes sueldos. La verdad siempre se cotizó poco en bolsa, como los sentimientos.
En mi breve trayectoria (una apasionante década) vinculada a prensa como colaborador en algunos medios masivos, he tenido la oportunidad de acceder a ellos por otra puerta a la habitual: la de la inquietud. Tal vez sea la menos solicitada y efectiva, pero sí la más independiente, permanente e ilusionada en la guerra contra el engaño, venga de donde venga. Y quien se aventure en traspasarla, ha de saber que esa entrada por la que se accede es la única salida. Que sólo se puede cerrar por fuera, al salir. Cierto es que dentro te pueden garantizar un salario con el que amortizar tus deudas, pero también lo es que no pueden poner precio a los libres sueños de tu corazón.
Benjamin Lajo Cosido (Memorialista)
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