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València, Diumenge: 7 Setembre 2008
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¿Religión vs civilización? ¿Acaso hemos matado a Dios?
La necesidad vital del ser humano por darle respuesta a todo lo que acontece en el mundo ha sido una constante preocupación a lo largo de la historia. El ser humano se ha visto como “ser arrojado en el mundo”, un mundo desconocido y misterioso, y ha tenido que aprender a convivir con todos esos misterios que le rodeaban intentando dotar de algún sentido, tanto a su propia existencia, como a la del resto de cosas y seres que forman parte de este “su” mundo.
¿Por qué estamos en el mundo? ¿Cuál fue el inicio de todo?, ¿Cómo asimilar la idea de que en cualquier momento dejaremos de existir, a saber, que estamos condenados a morir, como seres finitos e imperfectos que somos?, ¿Por qué y cómo se ha creado un sistema de valores maniqueísta de “lo bueno” y “lo malo”?, ¿Quiénes o quién es el culpable de los males en el mundo?
Una lista interminable de preguntas que brotaron y brotan inconscientemente de la mente de los seres humanos al tomar conciencia de lo que acontece a su alrededor, de lo que acontece en ese mundo del que forman parte.

Difícil tarea la de aceptar que de nosotr@s dependa que el funcionamiento del mundo nos sea más o menos favorable. Así que todas esas dudas y preguntas tendrán que ser contestadas, desde un punto de vista religioso, en referencia a “otro”. Alguien tiene que darle el sentido a nuestra propia existencia, alguien que sí posea esas cualidades de perfección, inmortalidad, infinitud y bondad, por lo que no podrá estar equivocado.
De la misma manera que un recién nacido llora cuando tiene hambre y obtiene recompensa (si está rodeado de sus progenitores) quien ha optado por una explicación religiosa de la realidad tiende a confiar en que por el mero hecho de expresar ese deseo de una manera predefinida (lloro, rezo, repetición de actos) este deba ser satisfecho. Esta proyección del deseo sobre el mundo que nos rodea tiende a dotar de voluntad a todas las cosas externas. Aparece así el rito como manera de expresión codificada de ese deseo que por su repetición se convierte en ceremonia y de esta manera se afianza el pensamiento mágico.
Cuando estos ritos y ceremonias pasan al plano escrito y se perfecciona adoptando una mecánica metafórica o poética surge el mito como explicación intuitiva.
Nacen los mitos como primer acercamiento escrito para contestar, explicar, cómo han venido las cosas a la existencia, e implícitamente se da una respuesta, también, al por qué.
“El mito describe las diversas y a veces dramáticas irrupciones de lo sagrado en el mundo (...) Todo mito muestra cómo ha venido a la existencia una realidad.”
Aquí ,de la mano de Mircea Eliade, encontramos esa referencia a lo sagrado irrumpiendo en el mundo, que garantiza la explicación de los fenómenos naturales o vitales a los que, hasta ese momento, no hemos sido capaces de darles otro tipo de explicación.
A esta manera de interpretar la realidad podemos considerarla “infantil”, tomando el término, no en un sentido peyorativo, sino como una falta justificada de responsabilidad en nuestros actos, o cierta comodidad al delegar en “otros” lo que ocurre o deja de ocurrir. La diferencia con el niño es clara, éste no tiene conciencia suficiente, por lo que podríamos decir que esa delegación es, en cierta manera, aceptable, y por qué no, necesaria para el infante. Pero superado ese estadio infantil, la existencia de un progenitor eterno que vela por nuestro bien estar, es en todo caso, más que dudosa.
El sentimiento de “minoría de edad”, creado en el ser adulto, viene dado por esa indefensión que siente al considerarse no preparado para dotar de racionalidad su propia existencia, cuando, como decía Heidegger, tiene el sentimiento de “ser arrojado en el mundo”.
El que ésta “minoría de edad” haya permanecido hasta nuestros días puede ser analizada como una estrategia del Poder para su mejor control y dominio del individuo. Un poder que da igual que parta directamente de la religión o del mismo Estado, pero de eso hablaremos mas adelante.

La angustia vital del ser humano se manifiesta, en todo su esplendor, en la misma existencia, y para superarla o aceptarla lo único que nos queda es la firme creencia de que el sentido de todo nos viene dado, no depende de nosotros. “Pero el remedio que se inventa para curar esa enfermedad es peor que la enfermedad misma. Los sacerdotes inventan la religión, inventan la metafísica hostil a los sentidos, inventan el “otro mundo”.
La muerte, como parte de esa angustia, es superada en la creencia de la otra vida, de la VIDA. Ésta es el preámbulo de la “verdadera vida”.
Reconocernos como “seres para la muerte” no es tarea fácil. Pensar que después de esta vida existe otra mejor es la mejor forma para soportar lo que nos sucede
El fenómeno religioso no puede caminar independientemente a la sociedad, forma parte de ella, necesita de nexos de unión y uno de ellos, el más influyente, se da en la relación con la idea de la negación de la muerte como final de la vida.
El ser humano ligado a la religión la utiliza como criterio último de verdad. Las religiones se pretenden teorías que nos informan de la realidad. Es innegable la existencia de un fenómeno religioso en la humanidad, independientemente de sus diferentes representaciones, (Jehová, Dios, Alá,..), sin embargo éste no tiene nada que ver con la verdad, la religión tiene su verdadera razón de ser como herramienta de cohesión y control social.
Si entendemos como verdad aquella concordancia entre el orden del discurso y la realidad, es decir, entre las palabras y las cosas, las verdades religiosas no son tales, porque en ellas no existe esa concordancia. No se da ese referente, esa confirmación, en la experiencia, sino que se basan en aquello que no podemos experimentar, que sólo tiene lógica dentro de un sistema cerrado de creencias, al igual que sucede con las verdades matemáticas. Se trata de desacreditar el mundo en el que vivimos en pro de otro que nunca sabremos si existe. Se trata de la negación de la propia vida como tal.
Es obvio que la delegación en la religión a la hora de dar contestación a nuestras dudas facilita el trabajo para interpretar la realidad. Decidimos, o se decide, de qué manera se da esa explicación para que sea aceptada por la comunidad, y a partir de ahí no se pone en duda.
Desde luego si la religión es un error es un error muy grande, como dijo Wittgenstein.

Analicemos ahora los mecanismos que la consolidación de la autodenominada Civilización Occidental ha impuesto para controlar la sociedad una vez que, supuestamente, se ha dado el paso de una organización social basada en valores teocráticos a una laica.
En el plano colectivo podemos afirmar que la mayoría de estos mecanismos son herencia cuasi lineal de los valores cultivados durante siglos por el poder religioso.
La sociedad occidental vive regida por un nuevo dios que se ve representado en los valores morales que impone la justicia institucionalizada. Esos valores, algunos tomados directamente del cristianismo, otros creados ad hoc para reforzar el sistema capitalista de consumo, determinan la vida de los individuos, o mejor, determinan qué tipo de vida están “condenados” a vivir.
La subvención de los fenómenos de masas, la confianza en que la técnica mercantilizada nos ofrecerá la eterna juventud, el consumo semiforzado de discursos prefabricados a través de la publicidad y los mass media, la visita a los nuevos de templos de la modernidad para mayor gloria del progreso, la participación en ritos de ocio institucionalizados, la divulgación institucional de los paradigmas científicos en boga ... Son los “novísimos” viejos mecanismos que permiten tener a la población sumida en un sueño eterno.
Nietzsche decía que hay un espacio de tiempo entre el haber matado a dios y el tomar conciencia de ese asesinato. La sociedad occidental no ha dado el paso hacia el tan necesario asesinato, por lo que no ha podido adquirir tampoco la conciencia de ello, no sabe qué es lo que ha sucedido con la religión, porque el poder, ahora encarnado en un Estado que se hace llamar laico, se ha asegurado ser la línea continuadora de esos mismos valores que se pretenden superados. Ya no hace falta hacer alusión a un dios cristiano que todo lo puede, ¿para qué?, ahora han venido diferentes dioses a sustituirlo. El dios-fútbol, el dios-trabajo, el dios-moda, el dios-ocio, el dios-información, el dios-técnica...
La religión, de mano de sus representantes y representaciones, y su carácter dominador, que produce un efecto de sueño eterno, tienen el relevo en la sociedad occidental en de diferentes máscaras laicas, que nunca dejan de ser simplemente máscaras.
Los valores represores heredados de la moral religiosa se encarnan con todo su fuerza en el dios de la justicia institucionalizada. ¿Qué mecanismos ha utilizado esa justicia para tener controlada a la población? Uno de los más importantes, sin duda, es el miedo. El miedo a ser castigado, no a no serlo en otra vida sino a que ésta se convierta en tu propio infierno.
No sólo el miedo al castigo se ha heredado, también el sentimiento de culpa está presente. Culpa por no pertenecer a la clase triunfadora, por no responder a los patrones de eterna juventud, por no aceptar las normas morales establecidas... “penitenciagite!!!” “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa” gritan los cristianos. Y lo gritan tan fuerte que hemos interiorizado que esa culpa es también nuestra.
“El reo es reo porque podría haber actuado de otra manera”, apuntaba Nietzsche como modus operandi en la mentalidad cristiana del sentimiento de culpa. Sin embargo no se puede desprender a una persona de unas actuaciones que van ligadas a una situación determinada, en ocasiones no es posible actuar de otra manera, al igual que no se puede culpabilizar al ave de presa por ser ave de presa y actuar en consonancia.
Mecanismo indestructible ante la debilidad personal a la hora de establecer criterios propios respecto de todo aquello que sucede. La potencia y simplismo de la Nueva Verdad Global, difundida por las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación es la panacea explicativa de realidades que no vivimos, que no son nuestras, que son creadas artificialmente para moldearnos un pensamiento acorde a esa realidad, para seguir creando personas que mantengan la delegación como mecanismo vital.
Nos encontramos pues ante una delegación total de responsabilidades en la gestión de la vida. Seguimos el esquema “trabaja para sostener el sistema”, o mejor, “aprovéchate de tus ventajas, es justo” (te ganarás el lujo con el sudor del de enfrente) y no te preocupes de nada más puesto que las castas religiosas, y ahora papá Estado con sus castas funcionariales, cuidarán de tus privilegios y de que todo vaya bien. Únicamente hemos de centrarnos en seguir el rito social para que nuestros deseos se vean satisfechos.

Todo ello nos conduce hacia falsos atajos vitales que nos separan de manera irremisible de aquel concepto de la paciencia de lo negativo que Hegel utilizaba para explicar la necesaria responsabilidad en la gestión de la propia vida frente a la delegación en proyecciones mágicas de nuestros deseos sobre la realidad que nos envuelve.
No, señoras y señores, no hemos matado a Dios. Y no solo eso sino que hemos creado unos más poderosos todavía, la Justicia, el Estado, el fútbol, el capitalismo, el trabajo... si Nietzsche levantara la cabeza...

Sílker y El Gnomsensecognom
 

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