 Cristina Escrivá
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Cuando converso con las personas de la generación que conoció la Republica, creo tocar con la punta de los dedos ese momento de ilusiones, de vida, de felicidad por conseguir los ideales solidarios y morales republicanos. Cuando escucho a las personas que afortunadamente aún tienen la voz y cuentan lo que sus ojos vieron y su corazón sintió, la transmisión de sus recuerdos hace de barita mágica, haciéndome sentir la emoción de ese tiempo único donde la rápida corriente de los acontecimientos, unido a las vivencias personales de sus protagonistas, recrean la verdadera historia, esa que está llena de sensaciones y de experiencias de lo que significó, de lo que pudo llegar a ser y de lo que no fue, por culpa de la pérdida de la guerra. Esos recuerdos no se borran con nada.
TRES MESES DE AUSENCIAS
Los primeros días de enero, me llegó la noticia de la muerte de un profesor republicano del Instituto Escuela de Sevilla José Llavador Mira. Nació en 1918 en Bocairent (Valencia), y murió a finales de noviembre en Sevilla. Miembro de la Federación Universitaria Escolar (FUE) y militante socialista desde la Segunda Republica hasta su fallecimiento, una persona entrañable, que siempre me animaba y respaldaba. En febrero, mi amigo Pablo Yañez me dijo que había fallecido Vicente Verdeguer. Me contó: En el hospital, en las últimas horas, me apretaba fuerte la mano, haciendo fuerza hasta con sus ojos, también cerrados, fue su forma de despedirse… lo enterraron envuelto en la bandera republicana. La información me llenó de melancolía. El transcurso del tiempo cronológico, se va llevado las experiencias y recuerdos de los que vivieron ese periodo, cada vez más lejano, pero tan real de la historia de nuestro pueblo. Cuando converso con las personas de la generación que conoció la Republica, creo tocar con la punta de los dedos ese momento de ilusiones, de vida, de felicidad por conseguir los ideales solidarios y morales republicanos. Cuando escucho a las personas que afortunadamente aún tienen la voz y cuentan lo que sus ojos vieron y su corazón sintió, la transmisión de sus recuerdos hace de barita mágica, haciéndome sentir la emoción de ese tiempo único donde la rápida corriente de los acontecimientos, unido a las vivencias personales de sus protagonistas, recrean la verdadera historia, esa que está llena de sensaciones y de experiencias de lo que significó, de lo que pudo llegar a ser y de lo que no fue, por culpa de la pérdida de la guerra. Esos recuerdos no se borran con nada. Hoy me he enterado de la muerte de Ángel Pozo Sandoval, ocurrida el domingo 30 de marzo. Hoy, estaba escribiendo sobre los alumnos del Instituto Obrero y su nombre surgía del ordenador para ayudarme a ordenar la cronología de ese tiempo. He sentido la pérdida de sus vidas. No pretendo hacer un homenaje, pretendo que estas personas admiradas y queridas, nos acompañen en nuestros recuerdos y que su presencia signifique en nuestra memoria un ejemplo de dignidad. Por un futuro más humano.
Valencia, 2 de Abril de 2008 Cristina Escrivá
José Llavador Mira
Ángel Pozo Sandoval
Vicente Verdeguer |
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