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Atmósferas mortales

Benjamín Lajo. 3 de Julio de 1997. Eran las 11:30 en los astilleros valencianos Unión Naval de Levante. Varios operarios navales estaban en la Sala de Máquinas del buque en construcción, Proof  Spirit (Espíritu Profundo)  absortos, ocupados en su trabajo como cualquier día. Nada les podía hacer sospechar que esa jornada iba a ser la última de sus vidas.
Una fuga en los conductos que abastecen de gasoil a buque provoca una Atmósfera Explosiva que no tarda en entrar en contacto con una chispa de soldadura que otro compañero provoca sin imaginarlo siquiera al realizar su trabajo.

En ese fatídico momento se produce la ignición que hace que la atmósfera mortal cobre, paradójicamente, vida. Los pasillos del navío se convirtieron en canales devastadores que fueron devorando a su paso toda la vida que en ese momento se hallaba en su infernal recorrido. Dieciocho muertes y un herido grave suman el macabro balance de aquella mañana de verano en la que me encontraba en casa esperando con feliz ansiedad que me dieran el alta tras una enfermedad que me apartó durante nueve meses de mi trabajo en los astilleros valencianos. Escuchaba la radio cuando se interrumpió el programa que emitían para comunicar una primera y confusa información de los hechos que acababan de suceder.

Llamé a la Sección de Guardianes del Astillero para tener una información más precisa de lo que lo ocurrido. Al otro lado del teléfono contesto nervioso, angustiado, mi compañero Juan que con voz baja me dijo que ya eran dieciséis los compañeros fallecidos y aún no se sabía cuántos más podía sumarse a la lista gris de aquella inolvidable mañana. Mi mente quedó colapsada. Ya nada tenía importancia. Ni recordaba los meses de calvario vividos luchando contra un Linfoma No-Hopkins. Estaba sólo en casa. Mi compañera había salido a comprar y yo andaba por los pasillos sin saber qué hacer. Pensaba en el trance por el que debían estar atravesando mis compañeros. Pensaba en los muertos. Pensaba en todos. En lo cruel que es la vida cuando se pone en tu contra sin piedad. En las familias de los que habían fallecido. En los sueños que jamás iban a materializar. En los besos y abrazos que nunca iban a dar o recibir. Pensaba con el sollozo ahogado en lo injusta que es nuestra frágil existencia en este mundo que entonces sentía, como ahora, un camino lleno de obstáculos de hiel y menor en su trayecto de miel. En lo caro que es ser honrado y tratar de ser honesto con tanto “malparit” acechando en cada esquina. Donde se tiene que ser discreto con la felicidad porque abundan los mezquinos que no comprenderán nunca porqué ellos no son felices y tratarán de patearte el alma o el corazón.

Se cumplen quince años de aquel día en el que cambiaron las vidas de muchas familias que aún no han podido recuperase de la tragedia. A ellas les abrazo en la distancia que hoy me aleja de Valencia para decirles que no están solas en la memoria de sus seres queridos. Que somos muchos los que como ellos ni queremos ni podemos borrarlos de nuestro recuerdo. Que nuestra memoria los hace inmortales y que, como dije otro año pasado, sus muertes forman parte de nuestras vidas.

Este año he estado investigando sobre aquel terrible suceso para aliviar la amargura perenne que siempre se asoma con aquel suceso que para mí no fue un accidente casual, un acontecimiento espontáneo e imprevisible. Para quien les escribe, hubo demasiada rapidez en el esclarecimiento de aquel desastre. No se dedicó el suficiente tiempo de estudio en las investigaciones de aquel episodio desgarrador. Como si acelerar los mecanismos oficiales para olvidar los hechos fuera una prioridad que se antepusiese a un minucioso paso a paso como era de esperar. Entre la confusión y el dolor, pasaron los días decisivos en los cuales se hubiera obtenido un mejor conocimiento de lo que realmente pasó aquel 3 de Julio de 1997 en los astilleros valencianos Unión Naval de Levante. Pero eso ya es irremediable cuando ha transcurrido tanto tiempo y tanto olvido. Yo trato de no olvidar cada año y, en esa memoria calmante y reflexiva, sigo en la búsqueda de respuestas que den forma a mis propios argumentos que ahora comparto sin la ansiedad paralizante que como una erupción se manifiesta en los primeros momentos, en los primeros años que, como a casi todos, nos provocó una amnesia temporal.

¿Qué es una Atmósfera Explosiva?  
“Se dice (Fuente: Wikipedia) Atmósfera Explosiva a la mezcla con el aire en condiciones atmosféricas normales de sustancias inflamables en forma de gases, vapores, nieblas o polvos, en la que, tras una ignición, la combustión se propaga a la totalidad de la mezcla no quemada.”
“La Ley 31/1995 del 8 de Noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales dice que el cuerpo básico de garantías y responsabilidades que se precisa para establecer un adecuado nivel de protección de la salud de los trabajadores frente a los riesgos derivados de las condiciones de trabajo.”
También nos ilustra dicha fuente de que “como desarrollo de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales se dictó el Real Decreto 681/2003 de 12 de Junio con riesgo sobre la protección de la salud y la seguridad de los trabajadores expuestos a los riesgos derivados de las atmósferas explosivas.”

Por su parte,  “la Unión Europea  dictó la Directiva 1999/92/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 16 de Diciembre de 1999.”

Directiva ATEX se llama la normativa que recoge los complimientos que deben tomarse para equipar a los trabajadores con las herramientas especiales para prever que se produzca. Herramientas Anti-chispas y Anti-magnéticas que son básicas para el desempeño de los trabajos que se realicen en estos espacios de riesgo de atmósferas explosivas en el ámbito laboral. Según recoge esta directiva existen dos tipos de riesgo a tener presente.

1º) Cuando el líquido combustible alcance más de 55º para que se cree la ignición.
2º) Cuando el líquido inflamable sea menor de 55º. Hay índice de riesgo cuando a temperatura ambiente emanen vapores suficientes para arder.

Los tipos de explosiones que ocasionan las ondas de presión se denominan de Deflagración y de Detonación. En la primera la Onda de Presión avanza por delante de las llamas a velocidad subsónica. En la segunda avanza por delante de las llamas a velocidad supersónica. Esta segunda onda es, posiblemente, la que sufrieron las víctimas de UNL ya que según me comentaron días después mis compañeros los cuerpos estaban sin apenas heridas exteriores y la causa de sus muertes fue debida, casi con toda seguridad, a la fuerte presión a la que fueron expuestos siendo los daños internos. Esta causa confirma los testimonios que me contaron mis compañeros navales que tuvieron que custodiar los cadáveres hasta el levantamiento por designio judicial llevado a cabo.

Creo que quien desee informarse más a fondo de las atmósferas explosivas y de las normativas al respecto, pueden obtener más datos en consultas que amplíen mejor su conocimiento que, escuetamente, he abreviado ya que es muy extensa la legislación en su conjunto.

Como final a este triste capítulo que cada año acostumbro a dedicar desde mi más profundo sentimiento a mis compañeros, vivos y muertos. Por los que sufren otro zarpazo de tragedia y desidia, como el de los Afectados por la Exposición al Amianto que está presente en muchos de ellos que, seguramente lean estas palabras, sabed que mi corazón está con vosotros que me formasteis en vuestro yunque de sencilla grandeza. Hoy, desde la Meseta Castellana, desde Burgos, la Tierra que me empujó a la vida, os recuerdo con la templanza de la que vosotros siempre me demostrasteis poseer. En esta vida que nos lleva por luces y por sombras como troncos a merced de sus corrientes y en la paz de sus remansos.

Benjamín Lajo Cosido
(Memorialista)

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