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Higinio Polo
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El paisaje fue siempre un humilde escalofrío del pobre campesino ante la grandeza del mundo, aunque supiera que aquellas tierras inabarcables eran propiedad de otros, una telaraña invisible que forzaba al trabajo ingrato, al hambre o al destierro. Mientras, con lentitud de siglos, crecía el gusto por la pintura de paisajes entre las minorías opulentas, los campesinos condenados trabajaban con las uñas rotas de tierra los mismos escenarios que estremecían de belleza a los señores, terratenientes y estancieros que la poseían, aunque, a veces, aparecían, en un gesto involuntario de justicia fugaz, como en La cosecha, de Pieter Brueghel el viejo, donde los campesinos siegan los trigales, y comen bajo la sombra de un árbol, con algunas mujeres tocadas con curiosos sombreros cónicos, como si fueran chinas perdidas en el Brabante. Después, el paisaje fue un sueño lejano para los condenados por la revolución industrial a la oscuridad y al humo de las fábricas.
El Viejo Topo. A principios del pasado mes de mayo se celebró en Washington el llamado Diálogo Estratégico y Económico, mecanismo con el que Estados Unidos y China acordaron trabajar para incrementar el diálogo y la confianza mutua. Wang Qishan, viceprimer ministro chino, que dirigía la delegación de su país, fue recibido por el presidente norteamericano Obama en el marco del desarrollo de los acuerdos suscritos con ocasión de la visita, en enero, del presidente Hu Jintao a Estados Unidos. Aumentar la confianza entre las dos potencias, mejorar las relaciones, y colaborar para fomentar el desarrollo económico y la paz en el planeta, fueron los propósitos proclamados por ambos países. La presencia del vicepresidente Joe Biden, de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y del secretario del Tesoro, Timothy Geithner, eran la muestra de la importancia que el gobierno norteamericano daba al encuentro. A juzgar por los acuerdos suscritos, las conversaciones fueron un éxito, que se enmarca en la política china para incrementar la cooperación, pese a las diferencias sobre cuestiones comerciales, de importación de alta tecnología, de cotización de las monedas, y sobre la distinta visión de los derechos humanos, por lo que la firma de un Acuerdo Marco Integral entre los dos países para impulsar el crecimiento sostenible sirvió para que Pekín considerase satisfactoria la cita.
El viejo topo. Cuando terminaba el siglo XX, hace apenas una década, los países más relevantes de la Unión Europea estaban gobernados por la socialdemocracia. Tony Blair era primer ministro en Londres; Gerard Schröder era el canciller alemán, Lionel Jospin dirigía el gobierno francés, y Massimo D’Alema era presidente del consejo de ministros italiano. No eran los únicos socialdemócratas al frente de gobiernos: de los quince países de la Unión Europea, once estaban gobernados por otros dirigentes de la misma ideología. La Internacional Socialista jugaba en esos años con la idea de un agrupamiento con el Partido Demócrata norteamericano y otros partidos semejantes, en el momento en que Bill Clinton casi terminaba su segundo mandato presidencial.
A finales de los años cincuenta, durante uno de sus frecuentes viajes, Paul Bowles llegó a Las Palmas de Gran Canaria. Allí le entregaron un telegrama anunciándole que su mujer, Jane, había tenido una hemorragia cerebral. Una década después, cuando estaba escribiendo sus peculiares recuerdos (Whitout stopping, publicado entre nosotros con el título igualmente preciso, pero más evocador, de Memorias de un nómada) anotó que aquel aviso era un inquietante mensaje: “Yo no lo sabía entonces, pero los buenos tiempos habían terminado”. Le quedaba todavía mucha vida por delante (¡más de cuarenta años!), que ocupó, como antes, en su existencia errante, en sus libros y obras musicales y en aspirar la fragancia extraña de una ciudad, Tánger, que había dejado atrás para siempre sus años de gloria, como creía que pasaría con el tiempo que a él mismo le restaba por vivir.
A la muerte de Gil J Wolman, en 1995, los obituarios periodísticos que daban cuenta de su vida, insistían en su existencia en la oscuridad, en su condición de artista clandestino, casi secreto, habitante subterráneo de los compartimentos oscuros del arte contemporáneo. Han transcurrido quince años desde su muerte, y sigue siendo un artista casi desconocido, pese a la meritoria retrospectiva que le ha dedicado el MACBA, y está ausente en la mayoría de los fondos museísticos, es ignorado en los diccionarios artísticos, apenas citado. Sorprende, por ejemplo, que el MoMA de Nueva York muestre el platito y la taza de té forrados con piel de Meret Oppenheim, y no tenga una sola pieza de Wolman, como tampoco tiene obras suyas el Beaubourg parisino, ni el Metropolitan y el Guggenheim neoyorquinos, ni la Tate Modern londinense, etcétera. Y, sin embargo, todos esos museos ignoran que Gil J Wolman era “inmortal”. Con apenas veintidós años, atrevido y desafiante, como todos los jóvenes, afirmó: “soy inmortal y estoy vivo”, (frase que ha servido para agrupar la interesante retrospectiva de su obra que se ha presentado en el MACBA), y esa convicción de un muchacho de la posguerra mundial quiere alcanzarnos ahora.
La retrospectiva que el MACBA barcelonés ha dedicado a John Baldessari (Pura bellesa, o Pure Beauty, con más de doscientas obras, que viajará después al LACMA (Los Angeles County Museum of Art) y al Metropolitan de Nueva York), recorre toda su obra, desde algunas pinturas que se salvaron, olvidadas en el garaje de su hermana, de la quema de lienzos que protagonizó en los sesenta, hasta las composiciones que ha realizado en los últimos años. Obras fototextuales, “imágenes encontradas”, composiciones fotográficas, películas, creaciones en relieve de los últimos años, todo eso se encuentra en la muestra, que documenta con precisión la evolución del autor, habitualmente catalogado dentro del arte conceptual (incluso como uno de sus principales inspiradores), clasificación que rechaza, tajante, el autor. No importa mucho; después de todo, aceptar o rechazar etiquetas es un asunto recurrente en la historia del arte, sin demasiada trascendencia, más allá de la obsesión por ordenar y catalogar la existencia. Baldessari tiene una larga trayectoria, documentada, porque, además de desarrollar su actividad artística, ha sido siempre un hombre meticuloso, hasta el punto de que en los años sesenta inició un archivo donde cada una de sus obras cuenta con una ficha mecanografiada, con el detalle de su creación, título, circunstancias, etcétera. ¡Hizo ese trabajo durante cuarenta años!
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Pocos meses después del estallido de la Comuna en París, llegó a los ambientes artísticos franceses una nueva moda: el gusto por lo japonés, por las expresiones de un país hermético a quien el comodoro Matthew Perry, al frente de una flota de guerra norteamericana, había obligado a abrir sus puertos al mundo. Esa moda se bautizó como japonismo (nombre que, al parecer, debemos a un olvidado novelista y miembro de la Academia Francesa, Jules Claretie, aunque hay estudiosos que sostienen que el término se debe a Baudelaire, o a Zola), y se interesaba por el peculiar arte japonés pero también por la vida y las costumbres de aquel lejano país, aunque, de hecho, desde inicios de la década de los sesenta habían empezado ya a circular por París algunas reproducciones y estampas de grabadores japoneses. La novedad alcanzó también a Londres, aunque sabemos que, ya en el siglo XVIII, habían llegado estampas japonesas a Europa. Cuando prende la nueva moda, había transcurrido poco más de tres lustros desde la imposición por Perry del Tratado de Kanagawa al Japón, en 1854, que acabó con el aislamiento nipón, o sakoku, que había durado dos siglos. A partir de ese momento, se inicia la recepción y el descubrimiento en Europa de una sofisticada y sutil tradición artística que iba a influir de manera determinante en el arte europeo, como había ocurrido con las chinoiseries, cuya aparición en Europa se remontaba al siglo XVII.
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Higinio Polo. Estados Unidos ha contraído una grave responsabilidad en Afganistán. No sólo ensangrentó el país financiando y armando la revuelta del fanatismo islamista en los años ochenta, para crear problemas a la Unión Soviética, sino que, después, invadió el país. Hace ya más de ocho años que Estados Unidos ocupó Afganistán, en 2001, enarbolando las mentiras que han hecho de su política exterior una escuela mendaz, avalista de la muerte, y, después, forzó la implicación de sus aliados de la OTAN, que empezaron a enviar tropas en 2003.Higinio Polo
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Higinio Polo. A principios de los años ochenta del siglo pasado, cuando el PSOE consiguió acceder al gobierno español con Felipe González, y el país creyó que llegaban tiempos de cambio, Javier Solana, compañero suyo en la dirección del partido y en el gobierno socialista, parecía, aún, un joven rebelde, barbado, casi contracultural, alejado de los fastos del poder, cercano a los ciudadanos, cabalgando a veces en una motocicleta el Madrid que todavía recordaba las noches de miedo del franquismo. Era un tipo que parecía dispuesto a cambiar el rostro de España.Llegiu-ne més: Javier Solana, el apacible guerrero atlantista
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Higinio Polo. En las primeras semanas desde su elección como presidente norteamericano, Barack Obama definió el gran Oriente Medio como una de sus prioridades en política exterior, consciente de que en esa zona del planeta se juega buena parte del futuro de su país. Obama, opuesto en su origen a la guerra de Iraq, hizo durante la campaña electoral una absurda distinción entre el conflicto iraquí y la guerra afgana, si atendemos a la circunstancia de que, si bien ambos enfrentamientos obedecen a orígenes diversos y estallan en años distintos, la decisión de atacar esos y ocupar militarmente su territorio forma parte de los mismos planes de dominación norteamericana sobre el conjunto del gran Oriente Medio y, más allá, del Asia central. Esos objetivos fueron diseñados por los sectores más conservadores del Pentágono y del pensamiento estadounidense y aplicados durante los ocho años de gobierno de George W. Bush, en la seguridad de que Washington, consolidado en apariencia su dominio unipolar del planeta tras la desaparición de la Unión Soviética, iba a convertir el siglo XXI en un “siglo americano”. Hoy sabemos que los atentados del 11-S de 2001 no fueron el detonante de la intervención militar norteamericana en Oriente Medio, puesto que antes de esa fecha Bush ya había decidido atacar Iraq. Por fortuna para el mundo, esa ambición imperial de dominio norteamericano se ha revelado un espejismo.Continúa
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Cada ciudad es, a la vez, esa ciudad y otras mil ciudades. Porque cada uno compone su propia ciudad secreta, confidencial, hecha de recuerdos personales y de retazos de la memoria de otros. Y si la ciudad la componen las gentes que viven en ella, sus casas, sus calles, también está tejida por los acontecimientos, las miserias, las guerras y persecuciones que han pasado por ella. Y, también, por visiones fugaces que rescatan, entre los pliegues urbanos, territorios perdidos, espejismos que sólo han existido en los delirios de un paseante o en la atenta mirada de una joven que evoca en cada rincón otros rincones, más lejanos, que de todo se encuentra en las ciudades de maravilla.
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La celebración en Pekín, el 1 de octubre pasado, del sexagésimo aniversario de la fundación de la República Popular China se convirtió en un impresionante y llamativo espectáculo que ha puesto de manifiesto, por si quedaban dudas, el potencial del país más poblado del mundo, y, sobre todo, que gracias al triunfo de la revolución comunista y al desarrollo alcanzado China ha dejado de ser uno de los países más atrasados del mundo (como lo era antes de la revolución) para convertirse en una superpotencia a quien nadie puede aislar en el siglo XXI.Sesenta años son casi una vida para un ser humano, pero apenas un suspiro en la historia, y, pese a los errores cometidos en el trayecto, la revolución dirigida por Mao Tse Tung hizo que el país dejase de ser una marioneta y una colonia en manos de los países capitalistas desarrollados e iniciase la larga marcha hacia el socialismo y el desarrollo. Si tenemos en cuenta que, hasta inicios del siglo XIX, China fue siempre el país con mayor producción del planeta, parecería que, ahora, dos siglos después, empieza a recuperar su condición y el mundo vuelve a la normalidad histórica, si es que podemos hablar en esos términos.
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El pasado 19 de mayo, Estados Unidos y Rusia iniciaron en Moscú las negociaciones sobre reducción de armamento nuclear estratégico. Al frente de sus delegaciones se hallaban Rose Gottemoeller, secretaria de Estado adjunta norteamericana, y Anatoli Antonov, responsable de Seguridad y Desarme en el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. El mismo día, Obama se reunía en Washington con George Schultz, Henry Kissinger, ambos antiguos secretarios de Estado, y con el senador Sam Nunn y el exsecretario de Defensa William Perry, para asesorarse sobre cuestiones de desarme estratégico y proliferación nuclear. Todos los asistentes a la reunión de la Casa Blanca consideraron adecuada la visión de Obama. También el general Colin Powell (secretario de Estado de Bush, que defendió la invasión de Iraq) ha manifestado su apoyo a la política de seguridad de Obama. A juzgar por el nuevo lenguaje del gobierno norteamericano y por las palabras de su presidente, debería concluirse que Washington está dando un giro y apuesta decididamente por el desarme nuclear.Llegiu-ne més: Hacia un nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas
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El manifiesto futurista apareció en la portada del diario parisino Le Figaro, y su provocador lenguaje forzó una nota de la redacción del periódico, donde atribuía en exclusiva a Filippo Tommaso Marinetti las ideas que se reflejaban en él, como si ello fuera necesario. La difusión del texto fue un calculado acto de provocación: hoy diríamos que una treta publicitaria para llamar la atención, para hacerse notar, para promocionarse y buscar la fama. No era casualidad que se hiciese en París, centro de la cultura europea y lugar donde habían aparecido, aunque en condiciones distintas, el fauvismo y el cubismo, apenas cuatro y dos años antes, respectivamente. De hecho, los futuristas, especialmente el poeta Marinetti, como harían después los dadaístas, utilizaron con habilidad el escándalo, la provocación hecha a medida de las pusilánimes mentes burguesas que temblaban ante cualquier burla de la juventud contestataria.
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Para Montserrat Roche y Marc Enrich, lejos de Peter y las pirañas.Cuando Van Gogh deformaba en su pintura la naturaleza y el mundo que le rodeaba, y capturaba, casi a ciegas, los sentimientos y las pasiones del ser humano, anunciaba ya la sensibilidad expresionista que Munch, Ensor, Barlach, incluso Matisse (aunque por otros caminos), acabarían configurando en medio de un ventisquero de inquietudes que, en 1905, empezaron a codificarse en Dresden. Emil Nolde, que se uniría a ese grupo innovador —Kirchner, Schmidt-Rottluff, y sus compañeros— que había coincidido en la capital sajona, se convertiría en uno de los pintores expresionistas más relevantes, y la gran exposición realizada recientemente en el Grand Palais de París ha vuelto a poner de actualidad la figura de este pintor torturado, moderno pese a su conservadurismo, compañero de los nazis, original e insatisfecho, propenso a creer que el mundo conspiraba contra él, condenado por el III Reich al infierno de la degeneración. Esa retrospectiva parisina es una de las más importantes que nunca se han realizado sobre él: hay que retroceder hasta 1969 para encontrar, al menos en Francia, una muestra anterior suya de cierta importancia.
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Para Sachiko IshigakiHiroyasu Koga es hoy un venerable monje que vive en un monasterio de la isla japonesa de Shikoku. Su nombre no resulta ahora familiar a casi nadie, pero fue él quien, el 25 de noviembre de 1970, se encargó de decapitar a Yukio Mishima y a Masakatsu Morita. Los tres eran miembros de la Tatenokai, el grupo paramilitar que había fundado Mishima dos años atrás, en su delirio militarista y nostálgico de un Japón imperial que había pasado para siempre a la historia. La Tatenokai o “Sociedad de los Escudos”, era una organización paramilitar que reclutó a estudiantes influidos por el nacionalismo y por la idea de la grandeza del imperio nipón, que fueron entrenados militarmente e instruidos en artes marciales como el judo y el kendo en el ejército japonés (las Fuerzas de Autodefensa).
Llegiu-ne més: Yukio Mishima, en un carro de combate, Higinio Polo
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La llamada revolución ciudadana, dirigida por el presidente Correa, obtuvo un importante triunfo en la convocatoria electoral del pasado mes de abril. Con un porcentaje cercano al sesenta por ciento de los votos, Correa derrotó a su principal adversario, el derechista expresidente Lucio Gutiérrez (derrocado por una revuelta popular) y consiguió ser elegido en la primera vuelta de las elecciones, por primera vez en la historia del Ecuador. La Alianza País (acrónimo de Patria Altiva y Soberana) que agrupa a las fuerzas de izquierda, incluido el Partido Comunista del Ecuador, consiguió importantes avances.Llegiu-ne més: La Revolución está en marcha y nadie la detendrá
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Para Grazia BarbieriPoco después del fin de la gran guerra, en una época difícil y desengañada, Francis Picabia se permitió afirmar que “el arte es un producto farmacéutico para imbéciles”. Era una frase provocadora, acorde con el espíritu nihilista y desengañado que surgió tras la guerra, y que hoy, noventa años después, podría servir para ilustrar la opinión (y para definir la actitud ante el arte) que tiene sobre el público buena parte de los críticos y sacerdotes de la cultura, y de los mercaderes y beneficiarios del gran negocio de las grandes exposiciones, museos y colecciones, y que hace posible timos para simples como los de Damien Hirst, capaz de colocar a precios disparatados un tiburón como una pieza artística o de vender un becerro conservado en formol, o los de Tracey Emin, ilustrada artista que nos coloca una “instalación” compuesta por su cama, sus sábanas manchadas de fluidos vaginales, condones utilizados, su ropa interior sucia, unas botellas y otras hierbas. Una soberbia estupidez. Pero ya se sabe que todo es posible en la época de las maravillas del capitalismo declinante, porque en ello hay millones y millones de euros en juego.
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El Viejo Topo. Para Quintín CabreraEn Seúl, una enorme aglomeración de diez millones de habitantes en constante movimiento, el bullicio de la ciudad embota los sentidos, aunque, a veces, la sorpresa asalta al visitante. Entre grandes edificios del centro, el templo de Jogye-sa, construido en 1395, es un extraño remanso de paz. Ese templo es el principal lugar de culto del budismo seon coreano, el equivalente del zen japonés. Allí, tres Budas gigantes de oro muestran al curioso una relamida serenidad. Uno, está con la mano derecha alzada; el del medio tiene las manos en el regazo, y, el de la derecha del espectador, tiene la manzana en la mano. Ante ellos, centenares de mujeres, que permanecen en silencio, leen, se postran, piensan, sentadas todas en cojines dispuestos sobre el suelo de madera. Mientras, fuera, el movimiento de las muchedumbres da cuenta de las prisas del siglo, aquí parece no existir el tiempo. Las grandes columnas, también de madera, rojas, aguantan los ventiladores que dan frescor a las mañanas estivales, como si el absorbente trabajo, los interminables horarios de los trabajadores surcoreanos, no existieran. Casi todos los fieles son mujeres: algunas, incluso telefonean desde el interior del templo, pero su gesto no rompe el sosiego. A un lado de la gran estancia, se ven cajas de frutas, tal vez ofrendas, de las que darán cuenta después los monjes. En la transparente atmósfera de una religiosidad de cristal, serena y sonriente, algunos pájaros de la calle penetran en el templo: está abierto, mostrando sus grandes puertas a lo largo de toda la sala. Parece la expresión de un mundo sereno, confiado, y, sin embargo, los signos de un siniestro pasado están en las calles de Seúl, y en las bucólicas zonas rurales que esconden las fosas comunes de los comunistas asesinados por la dictadura; signos que empecinados y valerosos grupos de ciudadanos quieren descifrar, revelar, para poder seguir hacia delante.
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La victoria de Barack Obama fue universalmente celebrada. Representaba una nueva alternativa política para los EEUU y como consecuencia para el resto del mundo. La gran esperanza -como muchos le llaman-, recibe una herencia muy complicada y debe enfrentarse a problemas que no se solucionan de la noche a la mañana. El profesor Higinio Polo, Doctor en Historia Contemporánea e intelectual comprometido, nos habla del futuro incierto que tiene el presidente electo por delante.Llegiu-ne més: Entrevista al historiador Higinio Polo: Obama, un eslabón en la cadena
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Ahora que cumplimos cien años con Simone de Beauvoir, y que en Francia han celebrado un coloquio internacional para reexaminar su obra, para la derecha política e intelectual la atención hacia su figura (y, por extensión, a la de su compañero de tantas batallas, públicas y privadas, Jean-Paul Sartre) está centrada en la continuación del esfuerzo de demolición de una memoria crítica, de una cultura militante, de una racionalidad que criticó con contundencia al capitalismo, y que, tras la desaparición de la URSS, fue declarada por los intelectuales del liberalismo enterrada para siempre. Algunos portavoces de esa sabiduría derechista han hablado de los cien años de Simone de Beauvoir como de la celebración de un amargo centenario, aludiendo a que algunos de sus libros no se reeditan, como si eso, ay, no ocurriese con tantos autores memorables.Higinio Polo
El balance de los ocho años del presidente norteamericano George W. Bush no puede ser peor para Estados Unidos: los agresivos neocons llegaron con la idea de convertir esta centuria en “el siglo americano”, y cabalgando el tigre de la manipulada emoción por el atentado de las Torres Gemelas se lanzaron a invadir países y a destruir los acuerdos e instituciones internacionales de convivencia pacífica, empezando por la ONU; pero se despiden ahora viendo la quiebra del sistema financiero capitalista y con una catástrofe política y económica que ha encendido todas las alarmas en su país.Higinio Polo
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Los desastrosos resultados electorales de Izquierda Unida en marzo de 2008 pusieron de manifiesto el final de un proyecto que, dos décadas atrás, intentó regenerar el mapa político en España llevando la voz a los trabajadores y de las fuerzas sociales más vivas a las instituciones.Higinio Polo
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El acuerdo nuclear firmado en 2005 por el presidente norteamericano Bush y el primer ministro indio Manmohan Singh, (por el cual la India tendrá acceso a suministros y tecnología atómica estadounidense a cambio de someter su programa nuclear al control del Organismo Internacional de Energía Atómica, OIEA) se justificó, en Delhi, por la creciente necesidad de energía de la India, una de las grandes potencias emergentes del siglo XXI. Con una industria que crece de forma imparable, Delhi pretende abrir siete centrales nucleares antes de 2020, que se añadirán a las quince existentes, pero la India, que no ha suscrito el Tratado de No-proliferación nuclear, no dispone de uranio. Esa es una de las claves del acuerdo con Washington. Con ese pacto, Estados Unidos (que prevé participar en la venta de uranio a la India, para cuyo suministro el gobierno indio calcula que tendrá que invertir unos diez mil millones de dólares) mueve sus fichas, porque, además de conseguir el control parcial del programa nuclear indio, tiene claros objetivos estratégicos en Asia.Llegiu-ne més: India: acuerdo en Washington, ruptura en Delhi
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La llegada de un fascista a la alcaldía de Roma, dos semanas después de las elecciones legislativas en Italia, revela la catastrófica dimensión de los resultados electorales. En los comicios parlamentarios, con una participación del ochenta por ciento (tres puntos menos que en la convocatoria anterior), la victoria del populismo reaccionario de Berlusconi, unido a los restos del fascismo y a la xenófoba Lega Nord, ha sido neta. En la cámara de diputados (en el Senado los resultados fueron similares, aunque no idénticos), la coalición de Berlusconi (Il Popolo della libertà, donde está también la Alleanza Nazionale de Gianfranco Fini, heredera del fascista MSI; más la Lega Nord y el Movimento il Sud) ha conseguido más de diecisiete millones de votos. Y, atención, La destra-Fiamma tricolore, de raíces fascistas, casi novecientos mil votos. A su vez, la Unione di centro, democristiana, de Pier Ferdinando Casini, ha conseguido dos millones.Higinio Polo
Josep Renau (1907-1982) no fue sólo uno de los artistas más relevantes del siglo XX en España; fue también un dirigente político, un intelectual que escribió defendiendo su concepción del arte, y un militante comunista. En este año que termina, cuando se cumple el centenario de su nacimiento y los veinticinco años de su muerte, la Universidad de Valencia ha inaugurado, en octubre, una magnífica exposición en La Nau con más de doscientas cincuenta obras, titulada Compromís i Cultura, en un deliberado orden expresivo que pone de manifiesto la concepción del arte y la cultura de Renau.Higinio Polo
El 15 de marzo pasado, los medios de comunicación internacionales publicaban las primeras noticias sobre una revuelta en el Tíbet, la región china del Himalaya. Sus informaciones daban cuenta de que se habían producido dos muertos en Lhasa, la capital tibetana, sin precisar las circunstancias, aunque sugiriendo que la causa era la represión ordenada por el gobierno chino ante las protestas. A partir de esos datos confusos, aumentando el número de víctimas según trascurrían las horas, la maquinaria de la gran prensa conservadora internacional inundó el mundo de noticias sobre la supuesta matanza perpetrada por China.Higinio Polo
Mientras en toda Europa avanza la derecha, e incluso la xenofobia, el racismo y el nuevo fascismo, y muchas fuerzas de izquierda europeas aceptan su rendición política por el procedimiento de asumir propuestas y programas liberales, la izquierda española se halla sumida en una grave crisis. Toda la izquierda se halla ante esa singular atracción por el abismo y la renuncia, porque, paradójicamente, aunque los socialistas hayan ganado las últimas elecciones y se mantengan en el gobierno, han abandonado casi por completo su identidad reformadora y suavemente progresista para adoptar la piel del liberalismo: el triunfo de los planteamientos liberales en el PSOE es la derrota del viejo socialismo español. Por su parte, Izquierda Unida, culminada una larga etapa de desconcierto, confusión y renuncias, de sumisión acrítica al gobierno de Rodríguez Zapatero, de incertidumbre ante el futuro, ha comprendido que su tiempo ha pasado, aunque la inercia de los (malos) hábitos adquiridos prolongue la agonía.Higinio Polo
A la certeza de que China es ya una de las grandes potencias planetarias, empieza a añadirse el convencimiento de que otra gran nación asiática, la India, está a punto de incorporarse al grupo de cinco o seis países que, con el estatuto de superpotencias, protagonizará el destino del mundo en este siglo XXI. No hay duda de que del desarrollo de la poblada India (junto a China, ambos países componen casi la mitad de la humanidad), de la transformación de su sociedad, todavía en gran parte campesina, del crecimiento de un país que cuenta ya con una gran industria moderna y con uno de los centros más relevantes del mundo de tecnologías de la información, dependerán muchas cosas en el futuro de Asia y de la Tierra.Llegiu-ne més: La noche de Calcuta, nuevo libro de Higinio Polo
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Hace algo más de medio siglo, Pollock, De Kooning, Rothko, Gottlieb, Gorky y Kline se convirtieron en los protagonistas del triunfo del arte moderno. Esos artistas tenían patrones poderosos, y su ascenso en el panorama artístico de hace cincuenta años ha sido el hilo conductor de la reciente exposición organizada por el Macba barcelonés con el título de Bajo la bomba. El jazz de la guerra de imágenes transatlántica. 1946-1956. En esos diez años de lucha desigual, la capitalidad mundial del arte basculó de París a Nueva York, y se transformó la concepción misma del arte, la valoración de las obras, y se consolidó el papel del mercado y del mercader en el control de los criterios artísticos y del valor de cambio de la pintura. Hasta ese momento, la pintura norteamericana había pasado casi desapercibida, sin conseguir especial relevancia en el arte internacional, y, de pronto, cuando Washington exhibía su musculatura atómica ante el mundo en los primeros años de la posguerra, su eficaz y masiva propaganda decretó que la modernidad estaba con ellos. Cuando eso sucedió, el gobierno Truman gastaba millones de dólares en imponer el imaginario de la “vida americana” frente al socialismo soviético y frente a la decadente Europa, aún destruida, donde los soldados norteamericanos acantonados mostraban la pujanza y el bienestar de los Estados Unidos, aunque, de hecho, esa imagen que proyectaban era casi un espejismo, puesto que el país procedía de la miseria y del hambre de la gran depresión, que hacía pocos años que había atenazado a su población, aunque los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo de una economía que bebía de la guerra, hubiesen hecho olvidar las penurias.Pàgina 1 de 2
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