Columnas
Eleuterio Gabón
El 15 M y el pensamiento nuevo
La crisis económica mundial ha supuesto un duro golpe a las políticas sociales que parecían enraizadas en Europa y que cómo se ha podido comprobar no lo estaban tanto. También ha supuesto una vuelta de tuerca más en los países ricos en corrupción y pobres en derechos. La crisis ha dado lugar a varias respuestas a lo largo y ancho de nuestro mundo. Respuestas diversas, caracterizadas como diferentes fenómenos sociales dependiendo del lugar donde han ocurrido. Hemos tenido la suerte de ver como los ciudadanos tunecinos y egipcios expulsaban a sus horrendos dictadores. Incluso en el capitalista estado de Israel muchos ciudadanos han protestado contra sus propios dirigentes por primera vez 60 años de historia. También hemos tenido la desgracia de conocer una nueva guerra, esta vez en Libia y la barbarie de las matanzas que los poderosos han dirigido contra sus pueblos en Siria, en Barehin o en Yemen. En Grecia la revuelta popular se ha hecho cotidiana desde hace ya unos años y aquí en casa, se despertó una nueva conciencia, o mejor una conciencia dormida, el pasado 15 de Mayo. Esta conciencia ha devenido en un movimiento popular que a algunos nos ha recordado lo que los abuelos contaban cuando pusieron en práctica la autogestión y la asamblea luchando contra el fascismo y el capital hace ya 75 años.
Una de las compañeras que estuvo durante los primeros meses en la plaza de Valencia, recordaba algunas vivencias que sonaban a aquellas viejas historias. “Sobre todo la confianza. La confianza en los demás, en los desconocidos, eso que parece imposible en las grandes ciudades, se daba esos días porque durante algún tiempo se vivió un sentimiento de igualdad, de proximidad y de solidaridad con los otros. La gente se escuchaba, debatía y trabajaba. Trabajaba sin el sentimiento de explotación sino por el afán de estar creando algo en positivo junto a los demás.”
Y es que por mucho que desde un tiempo a esta parte se nos hable económicamente, por mucho que los medios nos bombardeen con los problemas del sistema financiero y de las medidas para salvar la economía, este capitalismo que está en crisis no es sólo un sistema económico, es ante todo una ideología. Una ideología, sí; una filosofía que funciona, un tipo de mentalidad que implica una forma de vida que durante décadas ha ido calando hondo y que sigue haciéndolo, extendiéndose por todos los rincones del planeta. Una ideológía disfrazada si se quiere, disimulada como ciencia exacta, como profesionalidad fría y pragmatismo que abarca todas las facetas de nuestra vida. Según ésta, clasificamos a las personas por lo que producen, por lo que consumen, los derechos están en función de la riqueza; gentes aisladas en ciudades de millones, competidores obstinados no sólo en los profesional sino también en lo personal. El capitalismo regula todos nuestros espacios, se adueña de nuestras conciencias; no es una cuestión sólo del trabajo, sino de cómo pensamos la vida. En este sistema donde todo viene dado la imaginación, puerta de la libertad, está anulada.
Una nueva sociedad requiere no sólo de una reestructuración económica y una redistribución de la riqueza, se precisa algo más para que se dé un cambio sólido. Se hace necesario un pensamiento nuevo, diferente a esa ideología que el capitalismo lleva consigo. Para ello resulta imprescindible como decimos, la imaginación. Los valores no se tienen, los valores se practican o no existen. Los libertarios de hoy guardan entre sus esperanzas no sólo las ideas que leyeron en unos cuantos libros antiguos, sino los recuerdos heredados de una puesta en práctica que fue real. Tal vez valga la pena recordar que el fascismo nació de una terrible crisis y que la revolución española del 36 no consitió únicamente en una lucha contra el fascismo, sino al mismo tiempo en la creación de una nueva sociedad. El trabajo del viejo anarquista no era sólo combatir la amenaza que se cernía sobre los pueblos, el reto estaba además en construir la alternativa.
Pero volviendo a lo que nos ocupa en el presente donde los contextos son otros, diremos que el movimiento del 15 M no deja de ser una pequeña respuesta local a un problema global. No obstante puede ser un importante nuevo punto de partida. No entraremos aquí a valorar los pros y los contras que surgen del movimiento, ni en el necesario debate que éste mismo debe tener para seguir creciendo. Este pequeño artículo tiene como simple intención aportar unas cuantas reflexiones sobre el tema. Así, lo que parce es que a partir de una difícil situación de raíz económica, mucha gente ha comprendido que la ideología que este sistema conlleva está en la base nuestros problemas sociales y personales, en nuestras relaciones como comunidad y como individuos y en las desgracias que se suceden en nuestro mundo. Se han rescatado viejos conceptos como la autogestión y el asamblearismo que apuntábamos más arriba, pero tampoco hay que equivocarse, nada será como en el 36 y sería un error desearlo. La historia y la vida nos empujan hacia delante y a pesar de que desde el ámbito libertario los referentes sean estos, debe uno abrirse a los nuevos tiempos por ser en los que se vive.
El 15 M ha querido ser un movimiento abierto, una invitación a la unión de la gente sin las etiquetas ideológicas tan al estilo del capitalismo. Se parte de la idea de compartir, de trabajar y de convivir porque sencilla y llanamente somos gente, somos pueblos con el convencimiento de que se puede vivir de otra manera sin que unos pocos dirijan a todos los muchos. Las cosas no cambian de un día para otro y el cambio implica movimiento pero si el paso hacia delante es firme no debe haber vuelta atrás.
Eleuterio Gabón
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