Os hablo desde el subsuelo de lo Humano. ¡Soy un subhumano!
Y esta voz sin rostro (que ya es aullido) os dice que en las sentinas de vuestro Estado ya reina la Esperanza que tantas veces matasteis…
Todas sus muertes, ahora son vida. Todo el sufrimiento que sin piedad impusisteis, fue nuestro abono. La fértil melodía de colores en un amanecer que vuestro egoísmo os impide ver. Os vencerá su hermosura, su sencilla grandeza, su armoniosa supremacía…
Columnas
Benjamín Lajo Cosido
Benjamín Lajo Cosido
Introducción
Existen Enfermedades malditas que se padecen en silencio. En la más cruel soledad. Que nos atormentan en su espesa oscuridad. Que se suman a tu propio sufrimiento; factores añadidos externos por indiferencia o exclusión social dentro de nuestras comunidades (enfermas en sus conceptos, prejuicios, que condenan y alimentan el sufrimiento de quienes las padecen)
Mientras Callejana surca la Tierra, yo pienso… Levanto mi mirada y seco el alegre sudor del sacrificio que será mi alegría y de quien tenga cerca.
En esos momentos de soledad compañera, vienen a mí mente (y a mí corazón a veces) las voces amigas que navegan con el Viento del Apoyo Mutuo y no están al servicio de nadie, pero sí lo están de todos.
España, su Pueblo, vive ese día como un despertar de Esperanza en el que una efervescencia social desahoga toda su alegría negada tras décadas de represión y sufrimiento, por una minoría que le impuso un yugo a su legítima Libertad, con el hambre que tienen grabado, presente; cincelado por el miedo y las injusticias en sus rostros. Las calles bulliciosas. Las sonrisas de la gente iluminaban sus labios; amanecían en ellos los colores que el gris de la tristeza había opacado durante años de sangre derramada por su conquista. Nadie quería perderse esos momentos donde las cadenas se rompían sin temor. Momentos de júbilo por un sueño que por fin, se había hecho realidad…
Os comunico que el día 2 de Julio, en el Centro Social de Titaguas, Valencia, a las 12:00, presentaré en el Alto Turia las novelas, La Cruzada del Diablo (Siglo XI) y La luna perdida (Siglo XII) Publicadas por Casa Eolo.
Pero, como voy a comunicar en el evento, lo que presento es mucho más que mis novelas. Presento al futuro que ya ha llegado y es nuestro Viento de la Esperanza. Un amanecer en la Cultura que es imparable. Un compromiso solidario con Ella, para que nadie la sienta como a una puerta cerrada y sí como al campo, sin vallas ni alambradas. Porque la Cultura sin Libertad, sólo es una palabra. Un cordial saludo y… os espero.
Benjamín Lajo Cosido
http://diposit.ub.edu/dspace/handle/2445/17144
Llegiu-ne més: Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero...
Estaba escuchando en la radio del coche las noticias matinales. Todas las frecuencias eran tediosas y mis dedos buscaban sin mirar nuevas emisoras. De pronto, cuando ya creía que iba a terminar oyendo lo mismo de siempre, una voz hizo fruncir mis ceños. Entre los montes de la sierra, lo que habitualmente se oye a sus faldas, arriba se distorsiona, se pierde. O la altura capta como mejor conducto al Sueño; no estoy seguro, ya que no es un medio monopolizado. Aunque existe y sentimos en nuestra realidad y haber quien me dice lo contrario.
El caso es que aquella voz que se asomaba era la de una persona ansiosa. Como si el tiempo le amenazara con no darle plazo y sus mensajes fuesen los últimos que La Humanidad iba a recibir:
Llevaba residiendo en Valencia casi un año y al terminar mi jornada laboral me dirigí al ambulatorio de la Calle Pintor Stolz, cerca de casa, a recoger unos análisis de sangre que iban a hacer virar el rumbo de mí vida hacía un lugar imprevisto e inexplorado. Entré en el centro sanitario con paso inseguro, como si el miedo asiera mis tobillos y e hiciera pesadas las piernas. Cuando llegué al mostrador de Información, un sanitario me preguntó qué deseaba. No estar allí (pensé) y le dije en con voz baja que quería recoger unas pruebas. Le murmuré mi nombre y de un cajón donde se guardaba por orden alfabético los resultados de laboratorio, extrajo una hoja plegada y grapada. Me la entregó y salí del centro médico raudo, sin que estaba vez nada ralentizara mis pasos.
Recuerdo que al entrar en el coche, durante un instante centré mi mirada en aquel papel como si esperara que se volatizase entre mis manos y aquello fuera sólo un mal sueño, pero se impuso la realidad y lo abrí. Una palabra resaltaba sobre las demás en la escueta frase que contenía:
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Benjamín Lajo Cosido
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El hombre del que voy a hablarles, nació en el pueblo de Titaguas, en El Alto Turia, en La Serranía de Valencia, a finales del Siglo XVIII, en 1777. Este sabio botánico, amapola entre el trigo, hizo que la investigación fuese para él una sana obsesión por hallar respuestas sobre su entorno, allá donde fue. Sus características. Sus posibilidades, todo llamaba su atención; y lo que creo más importante: Buscaba siempre su razón de ser. El conocimiento de su estudio y el mejor aprovechamiento, por consiguiente, de las bondades de las tierras por las que anduvo.
Discípulo aventajado del botánico Antonio José Cavanilles, fue, junto a los botánicos Pío Font Quer y Mariano La Gasca Segura, uno de los cuatro “grandes” de nuestra Historia Botánica. Pero fue de estos eruditos mencionados, el aragonés La Gasca, con quien mantuvo una estrecha relación que se consolidó en amistad y de ella dieron frutos estudios como “Ceres Hispánica”, que junto al que fuera director del Real Jardín Botánico, Sandalio Arias
Benjamín Lajo Cosido
Castellón, emana esa singular Historia por su territorio. Nos hablan las piedras, los vestigios de aquellas civilizaciones que tanto nos aportaron. No está de más recordar al lector, que en ese casi milenio, convivieron las tres culturas con la voluntad de hacerlo.
Benjamín Lajo Cosido
Para iniciar este escrito, debo hablarles antes de una persona a la que admiro por su amor al entorno en el que vive día a día. Su nombre es Manuel y es oriundo de la tierra donde estamos viviendo actualmente nosotros: Algimia de Almonacid, en Castellón. En la hermosa Sierra de Espadán. Hemos convivido casi durante un año en este pueblo donde aún se puede sentir en la frente la suave caricia del Viento de la Libertad (si la buscas o la encuentras) Su rostro está arado por el viento de la sierra. De mirada firme, como la de los cerros. Parco en palabras sin condimento o superficiales. Debajo de la visera de su gorra se protegen sus ojos claros y limpios como lo son los cielos despejados de la sierra. Con su pequeña hoz, sujeta a su cinturón por la espalda, está ya cerca de los ochenta (ya quisieran muchos tener su vigor) y con su cuñado José, la hija de éste, Encarna, su marido Vicent y el hijo de ambos, Iván; que continúan aferrados al campo como si en él tuvieran enterradas sus raíces, que las tienen, generación tras generación, desde que les alcanza la memoria, y no renuncian a compartir con la tierra el bello sueño de la esperanza de sus frutos. Un sueño que cada temporada ven crecer y madurar hasta materializarse.
Benjamín Lajo Cosido
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Sus frecuentes Bandos Municipales, en los que insta a los niños (y no tan niños) a que vayan a la biblioteca a escuchar por la tarde uno de sus mágicos cuentos; como el que anunció días atrás este agosto: “El cuento del gato de la Señora Manolita”, que oí anunciar desde un bancal con mi azada “Callejana”. Me arrancó una sonrisa e hizo que detuviera lo que estaba haciendo para así poder enterarme qué es lo que había discurrido esta vez su desbordante imaginación y llamar la atención de vecinos, pequeños y mayores.
En la biblioteca, hay un rincón, un universo dedicado a las marionetas, donde Amparo deleita y transporta a aquellos que congrega. No importa si son cincuenta o dos. Ella, con su férrea voluntad, representa a los protagonistas de sus obras.
Benjamín Lajo Cosido
Esto parece el inicio de un cuento, pero no. Es el título que utilizo para denominar a los actores cuyo guión se basa en el del Sumario Judicial abierto por el Caso Gúrtel. La corrupción de esta trama se está desnudando como una cebolla. Capa a capa. Entre indignación social diaria y estupor ante lo que todavía se avecina. En suma des-facha-tez, que nos va inmunizando con anticuerpos de pasividad absoluta ante tanto “bigotes”, “amiguito del alma que te quiero un montón”, trajes, bolsos y demás fetiches a los que encima se ha de aliñar todo con el “presunto” correspondiente, cuando sabemos sobradamente eso de, “Santa Rita, Rita. Lo que se da, no se quita” Así es la escena de esta comedia en la que sólo se ríen los que participan en la obra y los que están entre bastidores dictando la parodia.Benjamín Lajo Cosido
En un alto de La Sierra de Espadán, en Castellón, el viento agita la Memoria de un pueblo dividido, partido en dos. Las dos españas, han criado a su prole en una dudosa Democracia desde que el dictador del Silencio Tenebroso, murió de viejo y sin rendir cuentas por cuarenta años de consentida divinidad que nos supuso aproximadamente un millón de vidas.Es 18 de Julio de 2009, un día estival como aquel de 1936. Aún no ha amanecido y las sombras del monte se desdibujan creando formas que cobran vida. Tal vez, sean los recuerdos inquietos que me invaden quien provocaba su espontánea presencia para recordarme que un día como el que estaba viviendo, fuese el comienzo de una esperanza dispuesta a materializarse como una explosión de resistente ilusión ante la decadencia e injusticia social. Un grito que dejó de ser ahogado para inundar los corazones oprimidos tras décadas de abusos y atrocidades cometidas por las clases dominantes.
Benjamín Lajo Cosido
Muchos hemos escuchado que cruzar un desierto con camello es mejor que hacerlo andando.Desde este desierto llamado crisis que tenemos que recorrer, nos guste o no, por la avaricia de una minoría que lo está atravesando con sus aviones personales u oficiales, uno descubre que el hambre, los truenos estomacales; esos sonidos a los que antes no tuvimos algunos (por suerte) sentir porque estaban lejos de la realidad que nos tocó vivir, más afortunada, por cierto. Si se compara con los duros años de la posguerra que sufrieron nuestros mayores. Aquello que tantas veces hemos oído decirles sin escucharles. Las historias de los abuelos, las recibíamos como un rollo repetitivo, que nos producía sopor, pero que, resignados ante su perseverancia, algunos retuvimos sin demasiada inquietud, tal vez debido a nuestra adolescencia o juventud.
Últimamente, que llevamos sumergidos desde hace tres años en el mundo rural, recuerdo muchas de aquellas transmisiones orales que mis padres nos contaban a mis hermanos y a mí al calor del hogar. Sus recuerdos iban tejiendo nuestra imaginación. Incluso, muchas veces, conseguían hacernos callar y escuchar, que nunca es oír.
Benjamín Lajo Cosido
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Dentro de algunos libros podemos encontrar revelaciones que hacen que veamos de otra forma aquel consistente y seguro Ideal, Teoría o Principio Personal que, bajo ningún concepto, pondríamos en duda momentos antes.Son rarezas que surgen cómo la erupción de un volcán o el temblor apocalíptico de un terremoto. Resulta difícil creer que un conjunto de palabras, sean capaces de producir en nuestras mentes cataclismos o intervengan radicalmente sobre nuestros conceptos más firmes e inamovibles.
Algo parecido me ha sucedido con uno de estos libros-llaves, como me gusta llamarles. Rareza, puede confundir al lector; suena más a místico, y en este tipo de libros a los que así denomino, no hay más magia que la que emana de la simple Verdad. Sí, esa verdad que en muchas veces dudamos, pero que existe.
Benjamín Lajo Cosido
“... Fuerte, con ancho corpachón de campesino que recuerda la robusta y poderosa humanidad de Durruti. Un semblante enérgico y aderezado, ligeramente marcado por la viruela, los ojos vivos, la frente despejada. Un aire un poco selvático y tímido. Un hombre simple, modesto, aún hoy absolutamente inconsciente de que es un héroe.”Benjamín Lajo Cosido
Benjamín Lajo Cosido
Si el Ministro de Justicia, señor Bermejo, ha declarado que no piensa renunciar a su Derecho de criticar las sentencias de algunos jueces cuando crea oportuno, debe de ser porque la Justicia es tan creíble como lo es la existencia de los nomos.Benjamín Lajo Cosido
Un planeta lo es. Una convicción también puede ser una firme roca. Un sueño alterando las leyes de realidad, es toda una cumbre rocosa. Hasta una mirada puede llegar a ser una piedra. Me atrevo a decir que hay palabras que son piedras. Porque las piedras cuando se domestican se pueden convertir también en ladrillos. Dejan de ser simples y rodadas costumbres en la orilla de un camino, en la falda de un ribazo, para ocupar el cimiento, las paredes de una casa. Este es el comienzo...
Benjamín Lajo Cosido
En la corta pero intensa vida del Ser Humano se han sucedido como muchos sabemos los imperios. Todos ellos han tenido un principio y un fin. Han permanecido durante un espacio en el tiempo, han hecho Historia en muchos puntos de nuestro planeta. Egipcios, griegos, romanos, mongoles, ingleses, españoles... Sí, también fuimos un vasto imperio “donde nunca se puso el sol”. Porque los imperios son una mala fotocopia del poder divino que los humanos nos inventamos un día para ser superiores a otros humanos y someter su voluntad utilizando al miedo. Un emperador o rey de reyes cristiano; un Califa en la religión musulmana o Príncipe de los Creyentes, son una encarnación del poder absoluto, universal; tal es o fue su pretensión.Benjamín Lajo Cosido
Un día como otro, resulta ser diferente. No esperabas una visita que remodela tú decorado habitual porque quieres, sientes, que esa ocasión sea inolvidable. Que perdure en el recuerdo y te acompañe en los momentos de soledad o te salve en un periodo de difícil inestabilidad. Una novedad que despierta de la monotonía.Benjamín Lajo Cosido
Necesitamos que nos hagan, no que nos digan. Es el momento de dibujarse una diana certera en el corazón que late libre y dispararse. Es la hora de desnudar hasta los huesos. Que nada ni nadie impida a la voluntad manifestarse. Ni a la desnuda verdad elevar su voz incontestable sobre las mentiras invasoras. Si, es hora de abandonar los viejos prejuicios que nos limitan y de recuperar los valores que se olvidaron al contemplar los luminosos neones de lo superficial que nos deslumbran un instante, como la efímera vida de un fuego artificial. ¿Qué nos impide derribar sus muros? ¿No es más atractivo sonreírle al miedo, a la muerte definitiva? No a la realidad, a esta muerte crónica que nos consume cada día y de la que somos adictos; algunas personas, vocacionales...Benjamín Lajo Cosido
Me quedé con la cuchara en la boca al ver cómo un perro abandonado trataba de rescatar a otro, su compañero de andanzas seguramente, en una autopista de Santiago de Chile, evitando el tráfico fluido que por ella transcurría a vertiginosa velocidad.Benjamín Lajo Cosido
Tres mujeres están abriendo una senda perdida en el monte. Lo hacen siguiendo los recuerdos de los mayores sobre su antigua ubicación. Una senda olvidada que lleva hasta La Corraliza, al pie del Frailecico. Una peña que corona el Cañón del Turia en Chulilla, en Los Serranos de Valencia.Benjamín Lajo Cosido
... que no son palabras.Son sólidas formas. Rocas que se desprenden tras el aguacero y caen dentro de una realidad ficticia que cuando aceptamos complacidos. Es el único lenguaje que comprenden los sueños que han dejado de ser simples proyectos. Cuando esto ocurre, nada te parece irrealizable porque ya es veracidad en estado puro lo que se muestra. Los Hechos son certezas, nunca dudas ni vacilaciones. Son, inamovibles verdades palpables.
Innumerables veces, he escuchado a otros semejantes decir: “Voy a hacer...” “He pensado que si...” “¿Qué os parece si un día de estos nos juntamos y hacemos?” “El día menos pensado...”
Benjamín Lajo Cosido
Parece que fue ayer. Al cruzar aquella esquina de la Plaza de las Llanas de Afuera, junto a la catedral de Burgos, nos tropezamos. Sólo nos conocíamos de vernos por el casco antiguo de la ciudad; por amigos comunes que a susurros comentaban que tenías SIDA. Que tu abuso por la heroína había facilitado el contagio de la enfermedad.Benjamín Lajo Cosido
Lo sé, es una mala costumbre que quería compartir con ustedes, que, cuando les place, me leen.Benjamín Lajo Cosido
Desde que llegué por el Barranco del Carraixent en una “cestella”, como el Moisés de la Biblia, desde la Meseta Castellana de Burgos, que me dijo en una ocasión la Tía María, mujer del Tío Maño y que me integraron en sus vidas, aprendí a su lado lecciones que ni los más avispados catedráticos e intelectos son capaces de discurrir.Benjamín Lajo Cosido
Espacios infinitos que socorren a mis inquietudes y cobijan a mis sueños. Porque soñar es anhelar que no es soledad lo que me invade. Es un lugar compartido al cual dirijo mis latidos.Benjamín Lajo Cosido
Puede parecer que esta controversia no tenga sentido, pero no. Hay malabaristas que son capaces de transitar por tres puntos siendo dos. Me explico.Hace una década, recorrí junto a mi compañera Paca la ruta que según la novela de José Luis Sampedro, -El rio que nos lleva-, hacían los gancheros o madereros desde la Sierra de Albarracìn, conduciendo por su adolescente Tajo hasta Aranjuez sus troncos. Esta novela, del abuelo que todos quisiéramos tener, y al que pudimos conocer por mediación de su mujer, Olga Lucas, en Valencia, nos despertó el interés por la historia de estos hombres que desarrollaron una profesión dura, exigente y necesaria para el abastecimiento de madera a la industria.
Benjamín Lajo Cosido
Esto es increíble. Que alguien se moleste porque otros traten de recuperar a los suyos, víctimas de la barbarie y el odio franquista a estas alturas, bien merece unas palabras encendidas; yo en este caso anacrónico, prefiero escribirlas incandescentes.Me había propuesto, después de una década dedicada a hurgar en el pasado, no escribir nada al respecto en estos momentos que son decisivos; sin duda para quienes tuvieron que sufrir, soportar hasta la saciedad los ideales de unos enajenados que decidieron seccionar la yugular a la sociedad en 1936, entre otros motivos porque sé que ahora están en primera línea personas competentes para completar la lucha de millones de personas.
Benjamín Lajo Cosido
Disculpen, pero estoy anonadado...Pàgina 1 de 2
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