dimecres, 3 de març de 2010 21:02
El hombre del que voy a hablarles, nació en el pueblo de Titaguas, en El Alto Turia, en La Serranía de Valencia, a finales del Siglo XVIII, en 1777. Este sabio botánico, amapola entre el trigo, hizo que la investigación fuese para él una sana obsesión por hallar respuestas sobre su entorno, allá donde fue. Sus características. Sus posibilidades, todo llamaba su atención; y lo que creo más importante: Buscaba siempre su razón de ser. El conocimiento de su estudio y el mejor aprovechamiento, por consiguiente, de las bondades de las tierras por las que anduvo.
Discípulo aventajado del botánico Antonio José Cavanilles, fue, junto a los botánicos Pío Font Quer y Mariano La Gasca Segura, uno de los cuatro “grandes” de nuestra Historia Botánica. Pero fue de estos eruditos mencionados, el aragonés La Gasca, con quien mantuvo una estrecha relación que se consolidó en amistad y de ella dieron frutos estudios como “Ceres Hispánica”, que junto al que fuera director del Real Jardín Botánico, Sandalio Arias













