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dilluns, 12 d'abril de 2010 08:50
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“En esta vida cada uno decide con quien está y esto implica identificarse no sólo con los fines sino también con los medios”, Rita 10-4-2010
Eleuterio Gabón. Bueno, la verdad es que no es para sorprenderse, lo que ocurre en el Cabanyal no es en realidad nada nuevo. El expolio, el robo a gran escala, es una de las constantes que mueven la economía y por consiguiente nuestro mundo. En otros lugares en vez de barrios costeros son terrenos ricos en materias primas, en vez de vecinos son campesinos e indígenas, en vez de porrazos son metralletas…
Son cosas del sistema. Sistema es la palabra que utilizamos para referirnos al funcionamiento general del gobierno de nuestro mundo. Un mundo que se basa en dinero y cuyos negocios más rentables son el tráfico de armas y el de drogas, ambos prohibidísimos por los gobiernos que los permiten o los manejan.
En segundo rango se da el negocio de la especulación; se elige un buen sitio, se echa a la gente de allí y se monta un negocio nuevo. Procedimiento muy repetido y relativamente fácil de llevar a cabo, la especulación urbanística ha sido uno de los mayores filones de enriquecimiento para empresarios y políticos de nuestro país. Los políticos amos de los territorios donde viven las gentes que les dieron el poder, los venden cobrando altas comisiones a los grandes empresarios y constructores. Se trata de un juego de favores al más puro estilo mafia: me pagas la campaña y yo declaro el suelo urbanizable; me das permisos y licencias y yo te doy un 3%; tú utilizas la televisión pública para publicitar mi marca y yo le hago un regalo a tu señora y para ti unos trajes…
Son cosas del sistema. Sistema es la palabra que utilizamos para referirnos al funcionamiento general del gobierno de nuestro mundo. Un mundo que se basa en dinero y cuyos negocios más rentables son el tráfico de armas y el de drogas, ambos prohibidísimos por los gobiernos que los permiten o los manejan.
En segundo rango se da el negocio de la especulación; se elige un buen sitio, se echa a la gente de allí y se monta un negocio nuevo. Procedimiento muy repetido y relativamente fácil de llevar a cabo, la especulación urbanística ha sido uno de los mayores filones de enriquecimiento para empresarios y políticos de nuestro país. Los políticos amos de los territorios donde viven las gentes que les dieron el poder, los venden cobrando altas comisiones a los grandes empresarios y constructores. Se trata de un juego de favores al más puro estilo mafia: me pagas la campaña y yo declaro el suelo urbanizable; me das permisos y licencias y yo te doy un 3%; tú utilizas la televisión pública para publicitar mi marca y yo le hago un regalo a tu señora y para ti unos trajes…
Pero sucede a menudo que estos ladrones de guante blanco tienen que ensuciarse las manos, porque no se puede engañar a todo el mundo y surgen siempre quienes protestan. Sucede en todos lados. Donde se especula con el suelo se ocupan casas, donde se masacra a los indígenas surgen guerrillas. Es entonces cuando los grandes criminales hacen campañas de criminalización contra sus denunciantes. Llaman fanático a quien se defiende ante la invasión militar de su pueblo, terrorista a quien responde al terror del estado, caudillo a quien se niega a negociar con multinacionales, radical a quien no quiere ser un consumista.
En este sistema quien ostenta el poder abusa de su poder para preservarlo, jactándose de proporcionar orden y seguridad y justificando siempre el statu quo, ese sistema que lo respalda y lo mantiene. Antisistema son quienes no quieren un sistema corrupto y violento, tiránico y represivo, manipulador y desigual.
Los calificados como Jóvenes Radicales son tod@s aquell@s que no quieren un futuro de sumisión, quienes no se conforman con vivir cómodamente en la injusticia, quienes denuncian la agresión al inocente, quienes se conmueven ante el dolor de los otros, quienes tal vez no sepan cual es el fin pero que tienen muy claro cuáles no son los medios.